Cyril Ramaphosa asumió ayer el cargo de presidente de Sudáfrica en sustitución Jacob Zuma, que dimitió la noche del miércoles 14, y, en su primera intervención, se comprometió a trabajar para hacer frente a los problemas más graves del país, como la corrupción o la caída de la economía.
El hasta el miércoles 14 vicepresidente fue designado en la cámara baja del Parlamento, en una sesión en la que ningún otro candidato le disputó el puesto, por lo que no hubo necesidad de votación.
Ramaphosa había sido nominado por su partido, el Congreso Nacional Africano (CNA), gobernante en Sudáfrica desde el fin del apartheid y mayoritario en el recinto.
El antiguo dirigente sindical, de 65 años, afirmó que recibe el encargo como un honor y con humildad y se prometió que, bajo su mando, el interés de Sudáfrica y de su pueblo vaya siempre "primero".
"Cuando uno es elegido en esta clase de posición, básicamente te conviertes en un servidor del pueblo de Sudáfrica", expresó Ramaphosa, en su primera intervención tras la elección.
También dijo que va a trabajar para paliar la corrupción, para mejorar la economía y para buscar la unidad del país, aunque explicó que los detalles de sus líneas de Gobierno los expondrá mañana, cuando se encargue de dar el discurso sobre el estado de la nación en el mismo recinto.
"Trabajaré muy duro para no decepcionar al pueblo de Sudáfrica", concluyó.
Solo unas horas después, el presidente del Tribunal Constitucional, Mogoeng Mogoeng, le tomó juramento en una pequeña ceremonia que lo convirtió oficialmente en el quinto presidente de la historia democrática de Sudáfrica. Las principales figuras del CNA arroparon a su nuevo líder y acompañaron su designación con vítores y cánticos que ponían fin a semanas de tensión por el tira y afloja con Jacob Zuma para que abandonase la Presidencia.
