Custodiado y sin la primera dama, el aún presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, apareció ayer en público por primera vez desde el levantamiento de las Fuerzas Armadas en su contra, mientras crecen las voces que exigen que dimita y ponga fin a una crisis que, por el momento, transcurre por cauces pacíficos.
Los líderes provinciales de su partido, el ZANU-FP, y los veteranos de guerra son solo algunas de las voces que hoy se sumaron, en términos firmes, a la llamada a que Mugabe -de 93 años y en el poder desde 1980- abandone cuanto antes el sillón presidencial para iniciar una nueva era política en el país.
Las principales figuras de la oposición y más de un centenar de agrupaciones de la sociedad civil ya lo habían hecho el jueves 16. Entretanto, continúan las negociaciones entre el presidente y las Fuerzas Armadas.
Los militares comunicaron ayer por la mañana que hubo avances en su objetivo: eliminar a los "criminales" del entorno del presidente que perjudican al país y los principios de la lucha por la liberación de Zimbabue, la explicación a la que se aferran para continuar negando que lo ocurrido sea un golpe de Estado. Pocas horas después, Mugabe, que permanece retenido por los militares desde la noche del martes al miércoles, acudía a presidir un acto de graduación -en el que no hizo declaración alguna- en la Universidad Abierta de Zimbabue, programado con antelación en la agenda oficial.
No estaba, sin embargo, el titular de Educación, Jonathan Moyo, quien, según la prensa local, continúa arrestado junto a otros dos ministros afines a las aspiraciones políticas de la esposa del presidente, Grace Mugabe, cuyo paradero no se ha confirmado pese a las especulaciones que afirman que ya no se encuentra en el país.
Desde el estamento militar se trata de reforzar la idea de que en Zimbabue no se está produciendo un golpe de Estado de facto, rechazado por la comunidad internacional, aunque en la prensa local domina la idea de que la salida de Mugabe no es negociable.
Una dimisión voluntaria del presidente -aunque no necesariamente inmediata- legitimaría el cambio de mando en Zimbabue. Sin embargo, mientras se negocian los términos, a Mugabe le crecen los enemigos, entre los que están algunos de los considerados hasta ahora como sus más firmes aliados.
