El Ejército de Birmania plantó minas antipersona en la frontera con Bangladesh, por donde han huido desde finales de agosto 300.000 musulmanes de la etnia rohinyá, según denunció ayer Amnistía Internacional, mientras prosigue el éxodo.
Tras entrevistar a testigos y expertos en seguridad, AI ha documentado el uso de estos dispositivos explosivos terrestres en el estado Rakhine (oeste de Birmania) y acusa directamente al Gobierno birmano, que niega cualquier implicación.
Al menos, una persona ha muerto y tres, entre ellas dos niños, han resultado heridas de gravedad en cuatro detonaciones de minas, cuya utilización está prohibida por varias convenciones internacionales.
El 3 de septiembre, una mujer de 50 años perdió la pierna al pisar uno de los artefactos enterrados en el lado birmano de la frontera. La nuera de la víctima, quien se encuentra en Bangladesh tratándose las heridas, relató a AI que su suegra salió del campamento a "buscar agua" y minutos después se oyó una gran explosión.
Dos niños, de 13 y 10 años, también están siendo tratados por heridas que concuerdan con los daños causados por la explosión de minas antipersonales y un hombre ha muerto, según las informaciones facilitadas por testigos a la organización no gubernamental. Un rohinyá dijo a AI que encontró, al menos, seis minas plantadas en un área cercana al lugar donde se produjeron los incidentes y con la ayuda de otros pobladores, fueron capaces de desenterrarlas.
