Las sospechas de corrupción contra el presidente de Brasil, Michel Temer, y la creciente presión por su renuncia han desatado incontables conjeturas respecto a su posible sucesor en caso de que finalmente se vea obligado a dejar el poder.
La fuerte corriente de opinión contraria a Temer se profundizó esta semana con una protesta sindical que acabó con graves hechos de violencia en Brasilia y un pedido de juicio político presentado al Congreso por el influyente Colegio de Abogados, que se sumó a otros 12 ya entregados por la oposición. Las dudas sobre el gobernante surgieron con una confesión del empresario Joesley Batista, del grupo JBS, quien dijo a la justicia que soborna a Temer desde 2010 a cambio de "favores políticos" y entregó unos comprometedores audios al Supremo, que ha abierto una investigación sobre el caso.
El clima adverso ha llevado a toda la oposición y a sectores del oficialismo a exigir la renuncia de Temer, quien hasta hoy resiste a las presiones, asegura que no dimitirá y garantiza que el país "no está parado" y que las instituciones "funcionan".
"Brasil no paró y no parará. Continuamos avanzando y aprobamos temas importantísimos en el Congreso Nacional", afirmó en un mensaje difundido el jueves 25.
Sin que nadie las desmienta, en la prensa local se publican cada día informaciones sobre intensas negociaciones en los partidos de la coalición de Gobierno, según las cuales ya se debaten posibles escenarios para la caída de Temer.
"Temer perdió las condiciones mínimas para gobernar" y "debemos buscar una transición equilibrada", afirmó hoy el diputado Carlos Sampaio, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), uno de los más importantes en la coalición oficialista.
Según la Constitución, transcurrido más de la mitad del mandato de cuatro años que estrenó en 2015 Dilma Rousseff, destituida en agosto pasado, y que continúa Temer, una ausencia del mandatario llevará a una elección parlamentaria indirecta para designar a su sucesor.
