Los países europeos, sin el Reino Unido, han esbozado ayer un nuevo rumbo para dejar atrás la encrucijada en la que se encuentra sumida la UE tras ocho años de sucesivas crisis, aunque sin lograr aún la ansiada unidad necesaria para hacer rodar el proyecto comunitario.
En un ambiente solemne y una vez asimilado el impacto que supuso la decisión de la mayoría de británicos de abandonar el bloque comunitario, los demás líderes comunitarios abordaron sin tapujos la situación de "crisis existencial" -en palabras del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker- en que se encuentra el proyecto europeo en estos momentos.
"Estamos en una situación crítica. Debemos demostrar que podemos mejorar", aseguró la canciller alemana, Angela Merkel, quien apeló a un nuevo "espíritu de Bratislava" tras un encuentro en el que la reflexión sobre los numerosos frentes abiertos que tiene la UE ha estado marcada por un renacido eje franco-alemán.
París y Berlín se han alineado como no lo hacían desde la salida del conservador Nicolás Sarkozy de El Elíseo, para defender un plan de trabajo centrado en tres ejes temáticos que en ocasiones se superponen: la economía y el desempleo; la migración y el control de las fronteras; la seguridad y la lucha contra el terrorismo.
