Los principales líderes del planeta empezaron ayer en Hangzhou (China) la cumbre del G20 con esperanzas de encontrar una "nueva senda" que guíe a la economía global a crecimientos más prósperos que los actuales y una tregua en Siria.
China acoge por primera vez este foro, la reunión internacional más importante en la historia del país, y el anfitrión, el presidente Xi Jinping, pidió a sus invitados que se centraran en la economía, pero sus ruegos quedaron eclipsados por la maratoniana actividad diplomática. Al inaugurar la cita, Xi conminó a los participantes a hallar una "nueva senda" para el crecimiento que se materialice "acciones reales" y evite las "palabras vacías", porque las amenazas para la economía mundial, dijo, se acumulan ocho años después de la crisis financiera internacional.
"Hoy, ocho años más tarde, la economía global vuelve a estar en un momento crítico", afirmó Xi.
El diagnóstico realizado por el presidente chino arrojó múltiples "retos y riesgos" para una economía solo parcialmente recuperada de la crisis: la ralentización del crecimiento, la volatilidad de los mercados financieros, la desaceleración del comercio y la inversión, así como el aumento de la desigualdad. La tarea de los líderes del G20 en Hangzhou, destacó Xi, es proporcionar una solución que corrija tanto los síntomas como las causas de raíz de los problemas económicos globales. Instó a los participantes en la cumbre a coordinar sus políticas monetarias y fiscales, así como sus reformas estructurales.
