París vio ayer con alivio, aunque todavía en estado de vigilancia, cómo las aguas del Sena empezaban a perder altura a su paso por la capital francesa, tras alcanzar unos niveles inéditos desde 1982.
La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, informó tras reunirse con su equipo en el Ayuntamiento que la situación se ha estabilizado en la capital y que se asiste a un comienzo de decrecida del Sena, aunque insistió en la necesidad de continuar vigilantes en los próximos días.
La estación de control de Austerlitz, en pleno corazón de la ciudad, informó el dato de 6,09 metros, el tope al que han llegado las aguas pero aún lejos de los 7,30 metros que suponen la entrada en vigor de la alerta roja.
Lo peor parece haber pasado para la Ciudad de la Luz. Los turistas continuaron en la ciudad.
