La canciller venezolana Delcy Rodríguez se presentó ayer ante la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington para dejar claro, en nombre del Gobierno de Nicolás Maduro, que este no va a permitir ninguna mediación, de ningún tipo, en su país.
A juicio de Rodríguez, mucho menos de la OEA cuyo secretario general, Luis Almagro, “recibe instrucciones de Estados Unidos” y le hace el juego a la oposición venezolana.
El no rotundo de Maduro estuvo dirigido no solamente a la posibilidad de que la OEA invoque su Carta Democrática para Venezuela, como lo valora Almagro tras la petición que recibió en este sentido hace una semana de un grupo de diputados venezolanos y que la canciller Rodríguez descalificó como “grave” y “risible”.
Ese no venezolano también incluyó, sin ambages, hasta la propuesta argentina de algún tipo de mediación mixta y consensuada, una iniciativa que por otro lado dejó, por su suavidad, atónitos a quienes esperaban más de la canciller de Mauricio Macri, que ha criticado la situación de derechos humanos en Venezuela.
