La cada vez más evidente ambición del jefe de Estado turco, Recep Tayyip Erdogan, de sustituir el régimen parlamentario de su país por un sistema presidencialista, ha abierto una importante brecha con su primer ministro, Ahmet Davutoglu, y llevó a una crisis en el seno del partido gobernante y en el Ejecutivo.
Tras varias reuniones entre los dos mandatarios y de la cúpula del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), convocaron a un congreso extraordinario el próximo 22 de mayo para renovar al presidente de la formación islamista y en el que Davutoglu no concurrirá como candidato, sino que presumiblemente será sustituido por un nombre más leal a Erdogan, que también liderará un eventual nuevo Gobierno.
No es la primera ocasión en que las aspiraciones del líder turco sumen al país en la inestabilidad: ya ocurrió cuando el actual presidente boicoteó todo tipo de acuerdo con la oposición para formar un Gobierno de coalición tras las elecciones de junio de 2015, en la que el Partido de la Justicia y el Desarrollo perdió su mayoría absoluta por primera vez desde que llegó al poder en 2002.
