Una semana después de anunciar la apertura de sus fronteras para los migrantes que quisieran ir hacia la Unión Europea, Turquía ha cerrado la vía marítima pero sigue dejando el paso franco en la frontera terrestre hacia Grecia.
Ayer la Guardia Costera turca interceptó a 120 migrantes y refugiados, entre ellos 30 menores de edad, en la costa egea de Esmirna, cuando se disponían a cruzar hacia la isla griega de Lesbos. Las autoridades turcas los detuvieron y fueron posteriormente asistidos y trasladados a la provincia de Edirne, fronteriza con Grecia, donde Ankara pretende concentrar a los miles de refugiados que quieren abandonar el país euroasiático, según informó la agencia "Mientras que el principio de no interferencia se aplica a todos los inmigrantes que tratan de dejar Turquía, este no incluye los cruces por mar debido al riesgo para la vida que suponen", declaró la Guardia Costera turca en un tuit, señalando órdenes directas del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
