El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aprovechó su paso por París para reforzar su liderazgo tanto en términos geoestratégicos, con especial atención al conflicto sirio y la lucha contra el Estado Islámico (EI), como en las negociaciones para cerrar un acuerdo global por el clima.
Obama acudió a la cumbre climática COP21, donde de aquí al 11 de diciembre se tratará de cerrar un acuerdo para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) que por primera vez englobe a la mayoría de los países, asumiendo finalmente su papel de segundo emisor mundial. Obama ha recalcado el "liderazgo" que Estados Unidos y China han asumido en la cuestión climática desde que hace un año mostraran su disposición a contribuir a contener el calentamiento del planeta, una percepción que quiso reforzar inaugurando su presencia en la COP21 con un encuentro bilateral con el presidente chino Xi Jinping.
Seis años después de que Estados Unidos contribuyó a forjar el fiasco de la cumbre climática de Copenhague, Obama se dice consciente en el tramo final de su mandato de la necesidad de que Washington tome cartas en la lucha contra el calentamiento global.
Aunque el presidente estadounidense no ha dado muestras de aceptar el acuerdo climático vinculante que otras partes como la Unión Europea reclaman, sí ha advertido de que su país debe actuar para no perder influencia en una cuestión que "todo el mundo se está tomando muy en serio".
La prioridad estadounidense es lograr un acuerdo "ambicioso" de reducción de las emisiones, que cuente con un mecanismo de transparencia al que estén sujetas todas las partes para asegurar que cumplen y con un sistema de revisión periódica que les permita ir aumentando los esfuerzos comprometidos.
Al igual que China, Estados Unidos quiere margen para decidir de qué modo pone en la práctica la lucha contra el cambio climático. Las organizaciones ecologistas como Greenpeace celebran que Estados Unidos llegue, aunque sea tarde, a la lucha contra el cambio climático en París, pero advierten de que para ser creíble tiene que ir más allá.
El escepticismo también es compartido en otros socios que aún recuerdan que Obama llegó a la anterior cumbre, celebrada en Copenhague, con la promesa renovadora que inspiraba su "Yes, we can" ("Sí, podemos") y se marchó sin romper con la postura tradicionalmente inmovilista de Estados Unidas en materia climática."La gente puede tener la confianza de que cumpliremos", afirmó ayer Obama, quien advirtió de que, incluso en el caso de que el próximo inquilino de la Casa Blanca sea un republicano, Estados Unidos deberá mantener los objetivos climáticos para no dañar su credibilidad e influencia.
