Más que agradecimiento, en la tumba de Juan Carlos Manuel hay reproche. La "tumba" del fallecido presidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo) está en la calle Asunción No. 15, esquina Hermanos Ortega, prácticamente colindante con el cementerio general. Allí se reza por su alma, y se reconoce que ofrendó su vida por Potosí, pero lo que más se advierte en los dolientes es el reproche.
"Cuando estaba vivo, perseguido, nadie le ha apoyado", dijo una de ellas. Cuando el gobierno del MAS desató una feroz persecución contra los dirigentes de Comcipo, Manuel tuvo que esconderse y murió en la clandestinidad, afectado por enfermedades de base que no pudo tratar adecuadamente.
No recibió ningún tipo de ayuda y murió en soledad. Su excompañero Marco Pumari está en la cárcel y otro exdirigente, Ramiro Subia, permanece en la clandestinidad. Los potosinos, que suelen aparecer comentando en las redes sociales, se limitan a eso. Manuel hizo de su prédica acción y murió escondiéndose de un poder judicial que se ha convertido en el brazo ejecutor de un gobierno que no busca justicia, sino venganza.
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