Tiene 25 años, esposa y dos hijos pero, por momentos, pierde las ganas de vivir. “Me siento un inútil —dice—. No quiero ser una carga para mi madre”. Habla bajo, casi como murmurando, porque la bala que le alcanzó en la emboscada le rozó el pulmón y lo tiene delicado. Cuando habla de su situación actual, no puede evitar que las lágrimas corran por sus mejillas y bajen hasta el cuello, casi a la altura del lugar en el que se alojó la bala.
Lee la nota sobre la madre de Franz
Franz Soraide es uno de los miles de mineros que partió el sábado 9 de noviembre rumbo a La Paz, con el propósito de reforzar las protestas que se realizaban en esa ciudad contra el fraude electoral. Cuando su caravana llegó al lugar que después fue identificado como Playa Verde, cerca de Challapata, recibió balazos de las personas que estaban bloqueando el camino.
Cuenta que, al llegar donde había promontorios de tierra, los buses se detuvieron y sus ocupantes se bajaron con el propósito de hablar con los bloqueadores y persuadirles de que les dejen pasar, pero aquellos ni siquiera les dejaron acercarse porque comenzaron a disparar. Muchos corrieron para protegerse, retrocedieron, y, por el trayecto de la bala, se presume que esta alcanzó a Franz por atrás, ingresó por la axila, recorrió la espalda y se alojó en el cuello.
Luego de que lo internaron en el Hospital Obrero No. 4, de Oruro, Franz fue ingresado a terapia intensiva donde estuvo varios días. A los médicos les costó encontrar la bala para extraerla. Mientras estuvo en su cuerpo, le provocó infecciones y fiebre. Cuando por fin la extrajeron, se evidenció que la bala era de 7,65 milímetros.
