La debilidad de Túnez en el juego aéreo y el oportunismo de Harry Kane dieron ayer a Inglaterra una agónica y sufrida victoria (2-1) en el último minuto ante un equipo muy serio en defensa, pero con escasa incidencia en ataque.
El partido comenzó con el guión esperado. Gareth Southgate optó por Sterling como compañero de Kane en vanguardia e Inglaterra salió muy enchufada bajo la batuta de Henderson y un Alli correoso y movedizo.
El centrocampista del Liverpool dominaba el centro del campo frente a un Sliti y un Skhiri sin apenas presencia, y suyo fue el inicio del primer aviso. Una apertura a la banda derecha que acabó en un disparo a bocajarro de Lingard que salvó Hassen a pierna cambiada.
Sin embargo, la mala suerte se alió por partida doble con el arquero del Chateauroux francés en la siguiente jugada. Hassen salió a tapar un pase filtrado de Alli y chocó con Young, que le golpeó sin intención en el hombro.
En el saque de esquina posterior voló de palo a palo para sacar con la palma de la mano un poderoso remate de cabeza de Stones, pero su despeje cayó en el anzuelo de Kane, que sin dejarla botar la empujó a la red.
