River Plate destrozó anoche las ilusiones de Wilstermann y del fútbol boliviano y eliminó al cuadro aviador con una goleada (8-0) que rememoró las palizas que solían sufrir los equipos nacionales en torneos regionales en la década de los 70, frente a un equipo sin ideas ni fortaleza para cerrar una llave que estaba abierta por la goleada del partido de ida en Cochabamba.
Tras una previa en la que se dijo de todo y que abrió dudas sobre cambios sospechosos sobre la hora, determinados por la Confederación Sudamericana de Fútbol, todo fue claro en la cancha con un equipo local decidido a ganar y a poner todo en procura de la victoria, contra un plantel que prácticamente no sabía qué hacía en el campo de juego.
El director técnico del cuadro boliviano planteó un partido defensivo, movió muchas fichas con el afán de defender la diferencia conseguida en Cochabamba, planteamiento que no funcionó y, poco a poco, como la gota que labra la piedra, River Plate se adueñó del partido y comenzó a dar las estocadas mortales.
