Alemania logró ayer la goleada esperada a domicilio ante San Marino (0-8) en uno de esos partidos en los que, por la diferencia que existe entre los rivales, de antemano la pregunta es cuál será el número de goles que va a marcar el favorito.
De un lado estaba la vigente campeona del mundo y del otro un equipo formado por jugadores aficionados.
El objetivo declarado de San Marino -con clara ironía- era lograr que la derrota fuera menos estruendosa que la que sufrió Brasil, por 7-1, en el Mundial 2014. Era una manera de describir cuál era el punto de partida, sin necesidad de recordar que la última visita de Alemana a Serravalle se había sellado con un 0-13.
La incógnita, en un partido de esa naturaleza, era saber cuánto tiempo iba a lograr San Marino mantener la portería a cero.
La resistencia duró exactamente siete minutos hasta que Sami Khedira abrió el marcador tras un buen pase desde el centro del campo de Ilkay Gündogan.
