En la región de los Andes, las prácticas de culto a los muertos tuvieron matices esencialmente sagrados y de ritualidad con connotaciones singulares. Una de estas prácticas está relacionada con el mes de noviembre denominado “Aya Markay Killa” o fiesta de los difuntos que el cronista Guamán Poma de Ayala documenta en sus crónicas mencionando que en este mes sacan a los difuntos de sus bóvedas para darles de comer y beber, compartiendo rituales con ellos.
A la llegada de los españoles fue imposible mantener estos rituales considerados totalmente opuestos al catolicismo. El sincretismo religioso permitió sustituir los elementos “paganos” por otros elementos permitidos y estos actos de “sustitución” y de “reinterpretación” dieron lugar a la conservación de la celebración de la Festividad de los Difuntos hoy conocida como “Todosantos” debido a la cercanía con las fiestas religiosas del 1y 2 de noviembre (día de Todos los Santos y día de los fieles difuntos, respectivamente).
EL MAST’AKU
Mast’aku proviene del verbo quechua “Mast’ay” que significa “tender” que puede explicase como colocar sobre una superficie tejida que puede ser aguayo o poncho negro, diversos elementos simbólicos en exposición, hechos de masa de pan dulce en memoria de una persona difunta. El Mast’aku aún es preparado en los cementerios de las comunidades del área rural, con motivo de la visita a los difuntos dentro de la Festividad de Todosantos y ocupa el lugar central de la ritualidad exponiendo de manera ordenada los elementos simbólicos de espiritualidad. Cabe aclarar que el Mast’aku original comenzó siendo armado sobre la tierra misma y otras veces sobre la tumba del difunto. En el Mast’aku original confluyen los tres niveles de la cosmovisión Andina acompañados de elementos representados en figuras moldeadas en pan dulce:
1) El Hanan Pacha (el plano superior, el cielo), representa el ciclo de la vida, el día y la noche, los elementos representados son el sol, la luna, estrellas, la cruz que simboliza la unidad entre cielo y tierra, ángeles, las aves como la paloma y el cóndor.
2) El Kay Pacha (el plano presente, la tierra), en este plano se coloca principalmente el retrato del difunto o difunta junto a la T’anta Wawa o figura de pan que lo representa junto a su comida y bebida favoritas. También se colocan frutas, bizcochuelos, maicillos, diversas masitas, un vaso de agua que sacia la sed del alma viajera. En este plano, acompañan las flores y velas simbolizando la fe y la alegría del reencuentro, además está la escalera, el caballo y/o llama que servirán de vía de transporte para que el alma del difunto o difunta, descienda desde el plano superior para visitar a sus seres queridos y en el momento de irse, pueda trasladar sus ofrendas al Hanan Pacha, con la ayuda de los animales de carga representados.
3) El Ukhu pacha (el plano inferior o inframundo), plano donde habitan los misterios y las raíces de la vida, en este plano acompañan figuras zoomórficas de subsuelo: víboras, lagartos, sapos y gusanos, símbolos de equilibrio y del renacer.
En la visita a los cementerios de las comunidades se realiza el ritual de la ch’alla del mast’aku acompañada con el “rezachicu” o acción de rezar por el alma del difunto. Muchos de esos rezos se entremezclan con cánticos de la temporada que expresan picardía y son de dominio popular. Cada visitante recibe a cambio de la visita una ofrenda de masitas, chicha y panal que los dolientes comparten en acto de reciprocidad y agradecimientos. El Mast’aku es la representación viva de la memoria ancestral ligada al culto a los muertos y se va conservando con mayor originalidad en las comunidades del área rural.
