Dioses prehispánicos convertidos en catrinas monumentales emergen entre campos de cempasúchil, plazas y calles del municipio mexicano de Atlixco, en el central estado de Puebla, donde el Día de Muertos revive las creencias ancestrales sobre la vida, la naturaleza y el mundo de los muertos.
En su sexta edición, el Valle de Catrinas 2026 reúne 27 esculturas monumentales inspiradas en deidades de la cosmovisión mesoamericana, una propuesta que combina arte popular, tradiciones indígenas y una de las celebraciones más representativas de México.
De las 27 piezas, 19 están distribuidas en distintos puntos de Atlixco, mientras que las ocho restantes se exhiben fuera del municipio, en espacios de México y el extranjero, incluidos Nueva York y localidades de Alemania.
Las figuras, que destacan por sus dimensiones y elaborados detalles, reinterpretan a las antiguas divinidades mediante la estética de las catrinas, uno de los símbolos más reconocibles del Día de Muertos. Entre las esculturas aparecen Tonatiuh, asociado con el Sol; Metztli, vinculada con la Luna; Ehécatl, deidad del viento; y Tláloc, relacionado con la lluvia y la fertilidad de la tierra.
