Los bolivianos no celebraron el Año Nuevo de 1829, por lo menos no en la capital, Sucre, que se vio sacudida por un episodio truculento el 31 de diciembre de 1828: el presidente Pedro Blanco fue capturado en el pozo de la letrina, con todo y lo que eso significa.
La captura se produjo en el marco de la crisis política en que había caído Bolivia tras el motín del 18 de abril de 1828, que motivó la partida de Sucre y la retirada del ejército colombiano. Todos esos hechos fueron ejecutados en coordinación con el peruano Agustín Gamarra, que, al ver a nuestro país desguarnecido, lo invadió y le impuso sus condiciones. Como consecuencia de estas, se reunió un congreso que debía reformar la constitución y nombró como presidente a Pedro Blanco Soto. Sin embargo, el gobernante, que se posesionó el 26 de diciembre, apenas ejercería su cargo durante cinco días porque el 31 de diciembre estalló una revuelta militar encabezada por el coronel Manuel Armaza y los tenientes coroneles José Ballivián y Manuel Vera.
Así cuenta Moisés Alcazar los sucesos de ese día:
“Esa mañana de San Silvestre, el presidente ataviado con uniforme de gala, se disponía a asistir a la ceremonia religiosa, ajeno a los acontecimientos subversivos. Un tumulto alborotado y despliegue de fuerzas en la plaza de armas le anunció peligro inminente. La sorpresa del ataque no le dio mayor tiempo que el necesario para escabullirse por un pasadizo hasta el ‘local de la letrina’, protegido por la lealtad de su edecán Ramón Gascón que pudo desviar a los amotinados con peligro de su vida, mientras Blanco, en su precipitación, caía por un orificio hasta el fondo del foso, de cinco metros de profundidad, magullándose lastimosamente.
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“El presidente Blanco fue encontrado después de afanosa requisa. La denuncia de un timorato empleado de la Secretaría puso término a la angustia de los amotinados, pues la huida del prisionero podía cambiar el curso de los acontecimientos. La noticia del afortunado hallazgo la dio el coronel Armaza, a viva voz, desde una de las ventanas del palacio con estas palabras y la satisfacción pintada en el semblante: ‘Ya cayó el pájaro’”.
Blanco fue sacado de la letrina cubierto de desperdicios humanos y conducido prisionero al convento de la Recoleta.
Al día siguiente, la indignidad de este episodio se multiplicaría cuando los tres cabecillas del alzamiento lo asesinarían despiadadamente.
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