El 1 de abril de 2017, el mundo se le vino encima, literalmente. “Me he accidentado yo… en la mina me he accidentado”, dice mientras las lágrimas afloran en sus pupilas e invaden sus mejillas. El error fue del winchero. Le venció la wincha que sostenía el ascensor artesanal, la soltó, y él se precipitó 20 metros debajo de la mina. “Mi columna hey roto. Tres columnas eran rotos…”.
Nunca más volvió a caminar. El accidente lo postró en una silla de ruedas y su esposa, que recién había dado a luz a su quinto hijo, enfermó de cáncer. Tal vez fue la preocupación. Murió el 20 de febrero recién pasado. Y él se quedó con cinco hijos, de entre tres a 14 años, y sin trabajo. Para colmo, recién nomás se quedó sin casa.
“No tengo ni mi casa. Yo vivo en la calle, de verdad. Vivía yo en anticrético frente a ex terminal. Nos ha botado, ni mi plata no quiere devolvérmelo. Ahora yo vivo en alquiler, pero no tengo ni para pagar el alquiler, no tengo ni casa, nada. Mi esposa murió. En Sucre murió. Yo me he quedado con cinco hijos. Necesito yo ayuda, de verdad. Yo… estoy en silla de ruedas. Yo también para siempre me he quedado en silla de ruedas”.
