El Cerro Rico de Potosí, siendo “Patrimonio de la Humanidad” y símbolo representativo de Bolivia y más aún de la Villa Imperial de Potosí, tiene un contenido histórico inigualable como ninguna otra montaña del mundo, en atención a su incalculable e inacabable riqueza minera en plata, estaño, zinc, plomo, etc., y haber sido el soporte económico de España y de otras naciones de Europa y América, así como de la misma República de Bolivia.
Cerro Rico, envidia del universo, siendo octava maravilla del mundo y Mensajero de la Paz, es igualmente Cerro Madre de América que, en el periodo prehispánico o antes de la llegada de los españoles a este continente americano, ya fue conocido y honrado como la “Montaña Sagrada”, en cuya cúspide realizábanse ceremoniosos actos rituales (Wacas) por parte de los aborígenes asentados en diferentes comunidades cercanas a este emporio piramidal.
A juicio del Inca Huayna Capac, esta montaña debía contener mucha plata en sus entrañas y, para descubrirla, mandó de Colque Porco, a los más expertos de sus vasallos, practicar la exploración del Sumaj Orcko y, cuando el encargo se cumplía en las faldas de esta montaña con el cateo de rigor, los vasallos del Inca, insospechadamente creyeron oír algo extraño a través de un ruido insospechado que, a decir de ellos mismos, quedáronse sobrecogidos y aterrados, desistiendo de su intento, para inmediatamente informar al Inca de lo ocurrido.
Entonces los encargados de aquella misión, para explicar su estupor de lo acontecido en el Sumaj Orcko, se valieron de la palabra “Ppotojchi” que significa “estruendo” o “reventazón estrepitosa”, de la que tomó su origen el nombre de “Potosí” que hoy corresponde al Cerro Rico, a la ciudad y a toda la geografía departamental.
Posteriormente y transcurridos 83 años de aquel suceso, la riqueza del Cerro de Potosí, fue descubierta por el indio Diego Huallpa, ante quien la casualidad puso a su vista un rico filón de plata nativa, para ser explotado por este indígena, desde los primeros días del mes de enero de 1544, hasta comienzos de marzo de 1545, para luego y una vez anoticiados de este hallazgo por los conquistadores españoles, éstos se trasladaron hasta las faldas de la montaña de plata y, el 1ro de abril de 1545, posesionáronse de este Cerro y sus entornos, con las debidas formalidades, labrando el acta y firmándola al pie de su escritura, los capitanes: don Diego de Centeno, don Juan de Villarroél, don Francisco de Centeno, don Luis de Santandia, el Maestre de Campo don Pedro de Cotamito y varios indios que al no saber firmar, fueron motivados a signar con una cruz en el papiro, cuya constancia estuvo a cargo del licenciado don Pedro de Torrez.
Este hecho o toma de posesión del Cerro Rico es considerado como punto de partida del nacimiento de la ciudad de Potosí, aún de ser llamada en principio como “Asiento Minero”, para tiempo después constituirse en una urbe de trascendencia económica muy bien fortificada y de nombradía mundial.
Sumaj Orcko, imán de forasteros
En la cadena andina de América, encuéntrase el Cerro “Rey de los Montes”; Cerro Rico, emporio del universo, Cerro imán de forasteros; Cerro que fue trabajado a diestra y siniestra por la codicia del hombre en obtener el metal que guardábase en sus entrañas. Cerro Rico que admitió el sacrificio de miles y miles de mitayos que oradaban la peña argentífera; más la audacia de cientos y cientos de españoles que lograron constituir la población más densa del Continente, afirmando las bases de una futura nacionalidad.
En verdad, descubierta que fue la riqueza del Cerro Hermoso, ésta inquietó a todos los reinados de la vieja Europa, dando lugar a enfrentamientos bélicos producidos en las aguas del Atlántico; mientras los monarcas herederos de los Reyes Católicos, defendían sus colonias establecidas en América y cuidaban al tesoro más grande encontrado en estas alturas de América del Sur. Para ello, enviaron escuadras de ejércitos con la misión de hacer una defensa del territorio y riqueza conquistada a favor de España.
Separadamente, numerosos emisarios religiosos de la redención hispana se embarcaron en veleros españoles con destino a Potosí; habiendo sido los primeros en esta travesía, los hermanos de Asís, seguidos de los frailes dominicos, al igual que de los mercedarios, más los otros religiosos jesuitas, así como los frailes agustinos, benedictinos, juandedianos y otros adustos frailes misioneros que extendieron el símbolo del cristianismo, proyectando su sombra sobre los viejos ídolos del incario.
