La Feria Internacional del Libro (FIL) de la ciudad de Guadalajara inauguró ayer su 30 edición con la intención de ser un "un crisol de las manifestaciones culturales" de Latinoamérica y con la entrega del premio de literatura en lenguas romances al escritor rumano Norman Manea.
El acontecimiento, el mayor encuentro editorial del mundo en español y que en esta edición tiene como invitado de honor a América Latina, debe "ir más allá de la celebración del pasado, identificando los desafíos que enfrentamos" para mantener su vigencia en los años venideros, aseguró el presidente de la FIL, Raúl Padilla López.
Pese a haber comenzado de una manera "modesta pero digna", la FIL, con el oxígeno que aportó el "boom latinoamericano", evolucionó a lo que es actualmente: un faro que proyecta las letras y el pensamiento", aseveró.
Destacó la relevancia de "blindar a nuestras sociedades" en unos momentos en los que "los nacionalismos y la xenofobia" cobra nueva relevancia.
