Atrapado por una suerte de demencia, Miguel de Cervantes llama en su agonía a su hijo, don Quijote, para que le acompañe en el último tramo del largo y espinoso camino que lleva a la muerte.
Tumbado en la cama, con una mirada vidriosa y turbia como la que siempre acompañó a su personaje, el universal escritor alcalaíno grita y se revuelve hasta que Sidi Ahmed, el autor del manuscrito que Cervantes dice transcribir en el prólogo, le saca de su lunática ensoñación.
Este el punto de partida en el que el actor y director de teatro madrileño Marco Magoa basa "La soledad de Cervantes", una original e intimista interpretación de la obra cumbre de la novelística mundial representada ayer en Túnez dentro de una nueva edición del "Festival de Cartago".
"Es un proyecto muy tierno, la verdad, porque es en este caso un actor árabe, tunecino, y un actor español, en este caso yo, y sería contar la vida de los últimos días de Cervantes", explica Magoa a EFE sobre el propio escenario.
