La tradicional y enraizada Navidad de antaño se vivió ayer en el templo de San Pedro, una demostración de fe, cultura, música y danza que es organizada por los grupos de jóvenes y vecinos de la zona.
La fiesta dio inició en la plaza 25 de Mayo con los pasantes llevando la imagen del Niño Jesús y los grupos de bailarines que llegaron danzando al templo con ritmos navideños.
En el interior se armó el nacimiento del Niño y comenzó la adoración con bailes de los grupos de los pastorcitos y los reques que hacen pasos diferentes, volteos y saltos.
Luego les tocó el turno a los abuelos, la lupa, el sonso cajero con títere, don Domingo y Dominga, la imilla con el llokalla y el baile de los negros que invitaron chocolate.
Los grupos adoraron al niño con wachiquis y saltarines interpretados por la agrupación del ministerio de música de Jerusalén con instrumentos de la quena, guitarra, pandereta y cajón.
La fiesta terminó con la solidaria invitación del conocido kokawi o la preparación de haba, chuño y papa, que es compartido con todos los presentes y que significa un ofrecimiento al Niño Jesús con los frutos del trabajo.
En el final y despedida de la fiesta se cantó la cacharpaya en coro que en una parte de la letra dice: “adoramos al niño soberano hasta el año venidero, si la muerte nos encuentra eso nomás ya sería”.
En la adoración de ayer participaron niños, jóvenes y los mayores en una fiesta que se desarrolla con mucho respeto, ante el aplauso de los vecinos.
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