Era filósofo, de la escuela antigua, esa que tiene cimientos en la escuela grecorromana y, por tanto, echaba mano de los latinismos.
Escribía profundo y escribía bien pero, para los menos ilustrados, muchas veces era difícil de entender. Por eso fue que, un día, los amigos le pedimos que escriba más claro, con menos latinismos. Y nos hizo caso. Y desde entonces lo entendíamos mucho mejor.
Pero René Benjamín Arrueta Suárez no solo era letras sino también imágenes, dibujos, pinturas. El Diccionario Cultural Boliviano, de Elías Blanco, recuerda que expuso su obra desde 1954 y sus cuadros visitaron galerías de Potosí, Oruro, Cochabamba, La Paz y Sucre. Su retrato de Antonio Paredes Candia ocupaba un lugar de privilegio en la casa del tradicionista.
Incursionó en el periodismo cuando fue director cultural del desaparecido semanario Gaceta del Sur, donde promovió el primer –y a la postre único– concurso departamental de cuento.
Luego de una larga y fructífera trayectoria cultural en Potosí, la salud lo obligó a residir en Sucre, donde todavía produjo libros como Espacio y tiempo andino: penetración mitopoética, La metatithemi del charango potosino, Perspectiva Planimétrica y un poemario donde está su caricatura.
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