No tenemos con toda certeza, intelectuales de talla internacional o de exportación de ideas. Quizás haya excepciones. No tenemos instituciones donde se formen o recreen pensadores, investigadores. Es decir, intelectuales. En cambio, tenemos a montones mediocridad discursiva, sacerdotal, entre inventos de mitos culturales e iglesias ideológicas, donde las verdades religiosas son las más importantes.
Las razones son las mismas que se dieron en países donde se prohibió pensar, reflexionar o liberar ideas en los debates intelectuales. Bolivia se lució en dictaduras, sean militares o civiles, donde pensar era prohibido. Por eso la costumbre en las clases medias, de pertenecer a cualquier gobierno que les de pegas y privilegios. O de algunos pequeños intelectuales, que se hagan militantes de cualquier partido de turno y moda. Es decir, de buscar el poder a cualquier precio a cambio de pensar o reflexionar.
Todos quiénes tienen cierto sentido en el pensamiento crítico, se hacen feligreses del poder. Y eso mata la raíz misma del pensamiento crítico, intelectual y ética del pensamiento. Desde lo material se entiende, pues lo económico no es fácil en un país como Bolivia. Porque pensar y reflexionar o escribir, requiere también de apoyo económico. Sin esa condición no es posible realizar intelectualidad.
Esas razones estructurales pueden en parte explicar la ausencia de intelectuales y pensadores en Bolivia. Aunque las paradojas son también alucinantes. Pues existen enormes cantidades de universidades, que no producen pensadores e intelectuales. Las razones las sabemos: burocracia brutal e inercia de la mediocridad sagrada; pero por supuesto hay que investigar esos fenómenos.
Por tanto, no podemos exigir algún ápice de crítica a los acontecimientos y hechos históricos que acontecen en Bolivia. El desastre del llamado proceso de cambio, no será evaluado en su dimensión que se exige. Pues, la izquierda no es precisamente crítica de sus pasos. Todavía peor: no tiene pensadores e intelectuales, sino militantes sacerdotales que sólo juzgan los hechos entre el “bien y el mal “de las visiones escatológicas del totalitarismo.
Ese proceso de cambio, que terminó de manera vergonzosa entre peleas intestinas cavernarias, sectarias, corruptas, sin importar las consecuencias sociales para todo un país, no será evaluado por esos actores sino encubierto en todos los sentidos anti intelectuales.
El gran pensador mexicano Octavio Paz, alertó allá por los años 60 y 70, que lamentablemente la izquierda latinoamericana adolecía de visiones críticas; en cambio, lo normal eran las corrientes totalitarias, acríticas respecto de la importación de modelos extranjeros en las ideas y absolutamente ortodoxas, a la hora de leer nuestras realidades. Características que no cambiaron en estos tiempos.
Pero también en las llamadas derechas, donde la ausencia de pensadores de calibre es notable. En el fondo las élites de nuestro país no tienen estrategas y pensadores, que hagan la diferencia. Vacíos que se notan a la hora de los ejercicios políticos e institucionales.
La enorme importancia de contar con intelectuales de prestigio internacional, que sean parte de las discusiones en el ámbito regional, pues no somos isla, tiene que ver con nuestras posiciones en todos los temas que se están discutiendo hoy en día. De hecho, ni siquiera tenemos diplomacia internacional, destruida y desmantelada de manera ignorante y soberbia; pero destruyendo también nuestra presencia internacional.
Por supuesto que unas excepciones no hacen la primavera. La falta de equipos especializados de alto nivel, son desde todos los puntos de vista una necesidad de mucha urgencia. Los pensadores e intelectuales son el sello de cualquier país, son los representantes que dicen de los avances en las ideas, en las ciencias y en los centros de investigación donde se producen los pensadores. Los intelectuales son también los valores agregados de un país.
En momentos de enfermedad pragmática, virus de la brutalidad posmoderna, donde las ideas o el pensar como paradigma ha sido devaluado, en nombre de los populismos dizque democráticos, debería ser un llamado de atención a los centros de investigación de las universidades o institutos de investigación. Requiere de mucho trabajo, de enormes esfuerzos en la consolidación de centros de pensamiento, de generación de ideas y de educación de nuevas generaciones de intelectuales.
La ausencia de debates en Bolivia, que en otros lugares como países vecinos es normal y cotidiano, responde ciertamente a la ausencia de pensadores e intelectuales. La bulla de la politiquería ha ocupado ese lugar de intercambio de ideas. Sean estas de cualquier línea ideológica; pero que respondan a ideas y propuestas de alto nivel científico. Que sean luces en medio de bulla y griterío callejero sin rumbo alguno.
La ausencia de crítica o autocrítica en las ideas, responde nomás al enorme vacío de pensadores, de intelectuales rigurosos en las lecturas de nuestra historia; en las propuestas nuevas que necesitamos con urgencia. La ausencia de crítica intelectual, es directamente proporcional a la ausencia de pensadores, de creadores de ideas y propuestas desde nuestras realidades.
