Una práctica consuetudinaria de la política boliviana consiste en la famosa “luna de miel” por la que las flamantes autoridades electas, disponen de aproximadamente 100 días para tomarse la fotito con la anhelada banda, designar a su gabinete, inventariar los muebles de la casa dejados por sus antecesores si es que no barrer los restos con su escobita nueva y en fin, organizar lo que será su performance por el lustro que les espera.
Tratándose de las flamantes electas en las recientes sub nacionales (Alcaldes, Gobernadores y sus respectivos Consejos y Asambleas) esa luna de miel ha comenzado a terminarse si es que no ya acabó, pues fueron posesionadas a inicios del pasado mes de Mayo; con lo que ahora el soberano, los electores, el pueblo, como gustan decir los demagogos, empezaremos legítimamente exigirles comiencen a cumplir sus delirantes promesas electoreras, para no temer y/o pensar que fueron otros phajpakus de turno. De ahora en adelante; la cosa es poniendo, diríamos coloquialmente.
Ciertamente que entre la significativa cantidad de flamantes electos hay de todo y para tofos los gustos. Tratándose de la Alcaldesa de la Capital y del Gobernador del Departamento, han terminado pues los tiempos de su campaña, del auto bombo y de las tradicionales como evidentes echadas de culpa a sus antecesores -que efectivamente les dejaron alcaldías y gobernaciones en ruinas- pero como para precisamente arreglar esos entuertos que bien sabían -así además lo proclamaron a 4 vientos en sus campañas- estaban heredando propusieron sus candidaturas y resultaron electos, llegó no más la hora de ordenar la destartalada casa, llena de deudas, corrupción y sin recursos, para mostrarnos de la madera de la que están hechos. Se les terminó el tiempo de los pretextos (por muy justos y evidentes que sean) y manos a la obra.
No digo que les sea fácil, no pido que ya no más hagan el milagro, sino que todos esperamos que como dirían en las tierras de Coquí (la bella Puerto Rico), empecemos a ver siquiera algunas cintillas de su gestión pública orientada a superar la jodida crisis municipal y departamental.
Cierto es entonces que fuéramos muy pero muy exigentes en esperar en esos 100 días las obras prometidas en campaña o profundos cambios en la política pública. Hubo algunas cáscaras de nueces con bastante ruido en las RRSS; pero al vencimiento de esos 100 días aún endulzados por la miel de la luna, parece haber negros nubarrones en sus futuras gestiones nacientes y esperamos su técnica de DT para conducir a sus instituciones a buen puerto. Si les va bien a ellos, a nosotros también.
Y es que la tienen bastante complicada. El departamento pelea el podio de la pobreza en el país, el centralismo arrecia y el país está quebrado, aunque -como escribe uno de mis columnistas favoritos- la suegra del FMI está soltando algunos dolarachos que ojalá refresquen siquiera la tierra, para que empiece a producir y florecer sin tener que depender necesariamente de recursos ya cuasi agotados u otros no renovables que al final del día, se agotan no más.
La Capital, bella como ninguna, clama por mayor movimiento económico que no sea depender de cuestiones circunstanciales – festividades, eventos deportivos, etc- sino sostenibles a lo largo de todo el tiempo que generen trabajo, impuestos, riqueza; lo que no es un secreto, tiene que ver con simple y llanamente explotar nuestra mayor riqueza: la cualidad turística por ser Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO incluyendo nuestra inmensa riqueza gastronómica. Claro que con el boicot que nos opone el monopolio estatal de BOA, eso parece una misión imposible, pues cada vez más es un lujo entrar o salir de Sucre, por mucho que se hagan algunos remedos por el 6 de agosto o algo asi. Migajas que no solucionan la gula.
Así el estado del arte; las expectativas y me temo exigencias, se irán multiplicando recordándoles sus fabulosas promesas electoreras. No es que sea tan gil para haberles creído todas, pero…la ciudadanía que bien o mal les eligió y hasta los que no les votaron, todos tenemos el legítimo derecho ciudadano de exigir cumplan sus promesas. El tiempo de encontrar culpables y repartir culpas o de pretextear ya acabó y ahora empieza el tiempo de las realizaciones. Ojalá no estemos ante aquello de MIRES: “A LOS POLÍTICOS LES IMPORTA MÁS SER ELEGIDOS, QUE SOLUCIONAR TEMAS PANDÉMICOS”.
