La inscripción de cinco alianzas y once partidos políticos para las elecciones generales del 17 de agosto, ratifican una vez más que en la clase política de Bolivia nadie quiere ceder porque unos y otros se consideran como opciones potables ¿o quizás pretenden mostrarse como “salvadores” de la profunda crisis estructural que hoy vive nuestro país?
Todos quieren ganar un espacio, así sea pequeño, para formar parte del futuro gobierno (espacios de poder) o en su caso de contar con su propia bancada de diputados y/o senadores en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Tal como van las cosas, se prevé que en la futura conformación de las cámaras de senadores y diputados habrá varias bancadas políticas que no asumirán la misma posición cuando se tenga que debatir algún tema, un proyecto de ley o para la aprobación de algún requerimiento del Poder Ejecutivo.
Una vez más el país se encuentra ante el grave riesgo de que el futuro presidente que resulte electo ya sea en primera o segunda vuelta, no podrá tener “gobernabilidad” y este hecho sería hasta lapidario para el nuevo gobierno sea de izquierda o de derecha e implicaría que sigamos viviendo la agonía de las múltiples crisis que hoy existe en el país.
En la historia de los gobiernos democráticos en Bolivia, existen amargas experiencias referidas a la falta de gobernabilidad y que repercute en la población boliviana, especialmente en los sectores mayoritarios y empobrecidos. El ejemplo más patético de la falta de gobernabilidad con fatales consecuencias para el país fue de la U.D.P (Unidad Democrática Popular) del entonces presidente constitucional Hernán Siles Zuazo con quien, un 10 de octubre de 1982, Bolivia recuperó la democracia después de varios años de dictaduras militares.
Aquella vez, el izquierdista presidente Siles Zuazo ganó las elecciones con amplio respaldo popular y la U.D.P era una coalición conformada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda, el M.I.R. y el Partido Comunista de Bolivia. La falta de gobernabilidad derivó en una crisis económica sin precedentes con una hiperinflación nunca vista antes y otras secuelas lapidarias que derivaron en el acortamiento del mandato presidencial de Hernán Siles Zuazo.
El actual gobierno de Luis Arce Catacora tampoco tiene gobernabilidad por diversos motivos y el futuro presidente de Bolivia podría tener el mismo problema y todo por culpa de los políticos de uno y de otro lado, quienes seguirán hundiendo a Bolivia. ¡¡Ojalá que no sea así!!
