Bolivia tiene una tasa de fecundidad de 1,56 hijos por mujer para este 2026, por debajo de la necesaria de 2,1 para mantener estable una población. Si continúa a ese ritmo, la población del país llegará a su pico máximo de 12,22 millones alrededor de 2041 y empezará a caer, según una investigación del Centro de Estudios Populi; incluso ese escenario crítico puede adelantarse. Aunque resta otro estudio sobre las consecuencias económicas y políticas, ya hay ejemplos en el mundo sobre ciudades “fantasma”, estancamiento del Producto Interno Bruto (PIB) y crisis en sistemas de pensiones por efecto de este fenómeno.
“Bolivia estaba alrededor de 4,8 hijos por mujer a mediados de los años noventa, en el grupo de los países más fecundos de América Latina junto con Guatemala y Honduras, y cruzó el nivel de reemplazo alrededor de 2019. En poco más de treinta años perdió dos tercios de su fecundidad. El descenso de un país entero desde ese nivel hasta el de una economía avanzada suele tomar generaciones, y un cambio de esta magnitud era muy poco previsible para demógrafos y economistas”, escribe el jefe de Proyectos de Populi, el economista Carlos Aranda, en el artículo “Algunas consecuencias demográficas del declive de la natalidad en Bolivia”.
Jesús Fernández-Villaverde, economista de la Universidad de Pensilvania, estudioso de la caída de la natalidad en el mundo, reaccionó así cuando Aranda le compartió la cifra boliviana: “Si me hubieran dicho hace diez años que, para 2026, la tasa total de fecundidad de Bolivia estaría por debajo de la de Estados Unidos, no lo habría creído. Habría apostado con gusto 1 dólar contra 1 millón de dólares a que no sucedería”.
Aranda sostiene que sobre la base de los supuestos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de Bolivia llegará a su pico máximo de 12,22 millones alrededor de 2041 y a partir de ahí comenzará a caer.
En 2101 quedarán 6,03 millones de personas, la mitad. “El punto de quiebre llega antes de esa fecha: los nacimientos vienen cayendo y las defunciones subiendo porque una población que envejece muere más aunque la mortalidad por edad mejore, y las dos curvas se cruzan hacia 2046. A partir de ese año, Bolivia pierde población por vegetación propia y la emigración solo agrava lo que ya ocurre”, afirma.
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Carlos Aranda remarca que Bolivia presenta dos elementos que no tienen la misma magnitud en muchas economías desarrolladas: una emigración neta, es decir, salen del país más personas de las que ingresan; y comunidades con tasas de fecundidad muy superiores al promedio dentro del territorio nacional.
“El INE proyecta 153.204 nacimientos para 2026. Sostenidos indefinidamente, dan una población de largo plazo de 11,2 millones de personas. Bolivia tiene hoy 11,98 millones. Es decir: el país ya nace por debajo de su propio tamaño, antes de contar un solo emigrante. Dicho de otra forma, una vez que la tasa bruta de natalidad cae por debajo de 1.000/73,2 = 13,66 por mil, los nacimientos ya no alcanzan para mantener la población. La de Bolivia en 2026 es 12,77”, escribe Carlos Aranda.
A ello suma un elemento: el INE proyecta para 2026 una emigración neta de 42.042 personas. Contra 153.204 nacimientos, deja 111.162 “nacimientos efectivos”, “el equivalente contable de una fecundidad de 1,13”. Las cifras son relativas, pero lo claro es que por cada cuatro bolivianos que nacen, uno se va, insiste.
Según el Censo 2024, un total de 232.592 personas salieron del país entre 2019 y 2024 y no habían vuelto al momento de la encuesta nacional. La edad mediana al salir es 25 años y el 76,5% tenía entre 15 y 39. “Es decir, se va exactamente la gente que iba a tener los hijos”, hace notar.
