Antes de las 14:45 de este miércoles 26 de junio, nada hacía suponer un cambio de la coyuntura nacional. De un momento a otro, de manera abrupta, inusuales movimientos militares alteraron la tranquilidad de la plaza Murillo, el centro político del país.
A esa hora, vestidos con trajes de campaña, armados y en vehículos blindados, efectivos del Ejército irrumpieron la plaza central de La Paz y cerraron sus cuatro esquinas. En una de las primeras imágenes reportadas por medios de comunicación locales, se observa al ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, golpeando con la mano contra la ventana de uno de esos motorizados de asalto. Vocifera, reclama airadamente.
Por la noche, la misma autoridad revelaría que allí dentro había al menos dos personas: el general Juan José Zúñiga, ahora excomandante del Ejército, y el vicealmirante Juan Arnez Salvador, ahora excomandante general de la Fuerza Armada Boliviana. A las 21:15 los expuso ante la prensa como los únicos dos aprehendidos después de la tumultuosa jornada.
Algunos medios aseguraron que, después de haber sido increpado por Del Castillo, Zúñiga se habría bajado del blindado para reclamarle sobre su presunto intento de destitución.
BLINDADO CONTRA PALACIO
Durante la primera hora de los inusuales movimientos castrenses, la única autoridad en manifestarse sobre el tema fue el ministro de Obras Públicas, Edgar Montaño, quien se mantuvo varios minutos en la puerta de la Casa Grande del Pueblo, como custodiándola.
Dijo: “habrá que preguntarle al general Zúñiga qué es lo que quiere hacer con estas tanquetas”, “no van a resistir ante esta presión del pueblo boliviano y van a tener que ceder”, “tendríamos que estar muertos para dejarlos ingresar”.
Pero, casi al mismo tiempo, a las 15:45, el mismo blindado que, según Del Castillo, transportaba a Zúñiga y Arnez, golpeó la puerta de entrada al Palacio Quemado y la abrió. A continuación, el líder de la insubordinación ingresó y luego se lo vio cara a cara con Arce. En el lugar, permaneció solo siete minutos y se fue en uno de los vehículos militares. En todo momento, estuvo escoltado por una persona que ocultaba su rostro con un pasamontañas.
Hasta aquella imagen, los periodistas se preguntaban por el paradero del presidente Luis Arce, de quien se había tenido noticias por última vez a las 14:57, hora en que alertó al país de lo que estaba ocurriendo con este escueto tuit: “Denunciamos movilizaciones irregulares de algunas unidades del Ejército Boliviano. La democracia debe respetarse”.
“FRACCIÓN DEL EJÉRCITO”
Mientras se reportaba cómo militares arrojaban gases lacrimógenos a los manifestantes movilizados a favor de la preservación del Gobierno y la democracia, la ministra de la Presidencia, María Nela Prada, difundía un video en el que señalaba: “Quiero denunciar ante el pueblo boliviano y la comunidad internacional un intento de golpe de Estado”.
En ese video, que dijo haber grabado en la Casa Grande, también indicaba que la plaza Murillo estaba “tomada por tanques y tropas militares (…) Han realizado estas operaciones de manera totalmente irregular…”.
ARCE CONVOCA AL PUEBLO
“El pueblo boliviano hoy es convocado, necesitamos que se movilice”. Con esas palabras, el primer mandatario, rodeado de sus ministros, en un video aparentemente improvisado, llamó a defender su gobierno ante un supuesto intento de golpe de Estado.
