A casi cuatro meses de los primeros casos de graves neumonías detectadas entre el 12 y 29 de diciembre de 2019 en Wuhan, China y que fueron reportados oficialmente el 31 del mismo mes a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el avance del coronavirus ha cobrado la vida de miles de personas en distintos países de varios continentes.
El 11 de enero de este año, la Comisión de Salud Municipal de Wuhan informó sobre la primera muerte provocada por el coronavirus caracterizada por insuficiencia respiratoria y una neumonía severa en un hmbre de 61 años de edad, expuesto al virus en un mercado de mariscos.
Once días después, vale decir el 20 de enero, China reportaba 139 casos nuevos de la enfermedad, incluida la muerte de una tercera persona. A su vez, los Institutos Nacionales de Salud anunciaban que trabajaban en una vacuna contra el coronavirus.
En Washington, el 21 de enero confirman el primer caso de coronavirus en EE.UU.; tres días después se reportan casos de coronavirus en Francia y sucesivamente se presenta la enfermedad en otros países de Europa, hasta que el 30 de enero la OMS declara emergencia sanitaria internacional y el 11 de febrero esta misma entidad nombra al coronavirus como COVID-19.
Posteriormente la OMS caracterizaría al COVID-19 como una pandemia por el creciente número de casos fuera de China.
En Bolivia, el 10 de marzo el Ministerio de Salud confirma los dos primeros casos de coronavirus en mujeres que habían llegado procedentes de Italia. Uno se presenta en San Carlos (Santa Cruz) y otro en la ciudad de Oruro, dando lugar el 12 de marzo a la suspensión de vuelos con Europa y la suspensión de labores educativas en todo el país para evitar la propagación del coronavirus, además de otras medidas posteriores como el cierre de fronteras, restricciones de circulación vehicular y de personas, distanciamiento social, reducción de jornada laboral, militarización de varias regiones del país e inclusive el encapsulamiento de zonas donde se registra la pandemia con mayor número de personas contagiadas y fallecidas.
DEFICIENCIAS
Los datos ofrecidos por las autoridades y de colegios de profesionales del sistema de salud en Bolivia son lapidarios, no sólo con referencia a infraestructura hospitalaria sino también en cuanto al número de especialistas que debieran desarrollar su labor para combatir a la pandemia del coronavirus.
A lo anterior se suma el hecho que hasta el 2019, el gasto per cápita en salud era de $us 273, en comparación a países vecinos como Uruguay, Chile, Argentina o Brasi,l que invertían al menos $us. 1000.
El país debiera tener 27.500 camas hospitalarias, pero solo existen 15.000. Hay un déficit de 1.100 unidades de terapia intensiva porque solo contamos con 400 unidades.
En cuanto a profesionales intensivistas, se requieren como mínimo 600 y solo contamos con 200. Otro dato que llama la atención, es la viacrucis que tienen que pasar los enfermos que requieren de los cuatro aceleradores lineales existentes en el país, cuando se precisa de al menos 22.
Según la OMS, debería haber 23 médicos por cada 10.000 habitantes, pero en el país solo hay 13.
