El primer ministro británico, Rishi Sunak, hizo la apuesta más arriesgada de su carrera política al anunciar elecciones generales para el próximo 4 de julio, con los elementos, tanto políticos como meteorológicos, en contra.
Bajo un aguacero que empapó al jefe del Ejecutivo mientras realizaba su declaración a las puertas del número 10 de Downing Street, Sunak jugó la baza de la sorpresa para tratar de pillar a la oposición con el pie cambiado, cuando ya casi se daba por descontado que los comicios serían en otoño.
El ‘tory’ Sunak, más conocido por su cautela que por los grandes golpes de efecto, decidió que quizá no haya mejor fecha para tratar de ganar las elecciones, algo que a día de hoy se antoja casi imposible.
Legalmente, habría podido estirar la legislatura hasta el próximo 28 de enero. Sin embargo, las elecciones de julio obligarán ahora a los conservadores a cerrar filas en torno a su figura, cada vez más discutida internamente.
