La tasa mensual de inflación de Argentina retornó en abril a niveles de un dígito tras cinco meses de fuerte aceleración en los precios, que ahora exhiben cierta moderación en un contexto de contracción de la actividad económica y de caída del consumo.
Según informó este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el índice de precios al consumidor (IPC) en Argentina se situó en abril en el 289,4% interanual y creció un 8,8% en comparación con marzo.
La evolución de los precios en abril evidencia una notable desaceleración con respecto a las elevadísimas tasas mensuales que se registraron entre diciembre pasado (25,5%) y marzo último (11%). De hecho, la inflación no mostraba una variación mensual por debajo de dos dígitos desde octubre pasado, cuando había subido 8,3%.
Entre las subidas registradas en abril destacan la de vivienda y servicio (35,6%), por los incrementos en las tarifas de gas, agua y electricidad, y la de comunicación (14,2%), por las alzas en los servicios de telefonía e internet. Los alimentos y bebidas no alcohólicas crecieron un 6% en relación con marzo y el 293% en términos interanuales.
De acuerdo al informe oficial, la inflación de Argentina acumuló en el primer cuatrimestre del año del año un alza del 65%.
El año empezó con la inflación al ‘rojo vivo’ tras la súbita devaluación del 50% del peso argentino de diciembre pasado y la decisión del nuevo gobierno de Javier Milei de liberar los precios ‘reprimidos’ de la economía, convalidando fuertes aumentos en bienes y servicios de todo tipo.
El furibundo comportamiento de los precios se fue aplacando a la par del derrumbe en el consumo, con una demanda golpeada por la depresión de los ingresos de los hogares, en un contexto de severo ajuste y fuerte contracción de la actividad económica. Además, el freno a la emisión monetaria para financiar el Tesoro, uno de los pilares del plan de Milei, comenzó a tener el efecto propio de una política monetaria restrictiva.
Por otra parte, el Gobierno optó por posponer ciertos aumentos en las tarifas de algunos servicios y los impuestos a los combustibles e intervino para obligar a las empresas privadas de servicios de medicina a retrotraer fuertes subidas en sus cuotas, ayudando a moderar la tasa de inflación.
