Desde finales de 2023 Rusia lleva a cabo una campaña de bombardeos contra la ciudad de Járkov que se ha recrudecido en las últimas semanas y ha llevado a las autoridades y a la sociedad civil de Ucrania a movilizarse para que la segunda urbe del país no corra la suerte de otras localidades devastadas por los rusos.
En una serie de ataques que han sembrado el terror entre los habitantes de esta vibrante ciudad universitaria que ha perdido buena parte de su población y su energía por la guerra, las fuerzas rusas está golpeando centrales eléctricas, zonas industriales y barrios residenciales, amenazando la viabilidad económica y la vida civil en la ciudad y la región.
Para demostrar el compromiso del Gobierno con esta zona de Ucrania fronteriza con Rusia, el presidente Volodímir Zelenski viajó este martes a Járkov y se reunió allí con las autoridades locales con dos prioridades claras.
Además de los cohetes, drones, misiles balísticos y antiaéreos que llevan cayendo sobre la ciudad desde el primer día de la guerra, Rusia ha incorporado a la gama de recursos que utiliza contra Járkov sus temidas bombas aéreas, explosivos convencionales guiados de gran potencia que se lanzan desde aviones a decenas de kilómetros de distancia del objetivo.
El uso contra la ciudad de estas bombas que las fuerzas rusas utilizaron masivamente para arrasar posiciones enemigas y edificios que servían de escondrijo a las tropas ucranianas que defendían la ahora ocupada localidad de Avdivka hacen temer que Rusia quiera crear en Járkov un escenario de destrucción similar al aplicado en otras zonas de Ucrania.
En una reciente entrevista con The Economist, el alcalde de Járkov, Igor Terejov, advirtió, citando “fuentes militares de Kiev” de que Rusia podría haber “decidido hacer de la ciudad una zona gris inhabitable para la población civil”.
En un sentido parecido se expresó este martes el presidente Zelenski: “El objetivo de Rusia es claro: quieren hacer todo lo posible para expulsar a la gente de Járkov y de la región”.
¿Una nueva ofensiva rusa?
Medios de comunicación y expertos occidentales han especulado desde el comienzo de 2024 sobre la posibilidad de que Rusia se esté preparando para lanzar un nueva ofensiva terrestre masiva sobre la región de Járkov cuyo último objetivo sería la conquista de su capital homónima.
Fuentes oficiales rusas citadas por la prensa moscovita en el exilio también han apuntado a esta posibilidad y el presidente ruso Vladímir Putin citó a finales de enero la ciudad de Járkov entre los territorios en los que Rusia se estaría planteando crear una zona desmilitarizada para reducir los ataques ucranianos sobre territorio ruso.
Kiev, sin embargo, descarta por el momento que Rusia tenga potencial suficiente para lanzar una campaña de tal envergadura, y el jefe del Centro ucraniano contra la Desinformación, Andrí Kovalenko, ha calificado los pronósticos sobre un eventual sitio de Járkov de “campaña de propaganda” del Kremlin.
Sea como fuere, la moral ucraniana no puede permitirse perder la segunda gran capital del país viéndola convertida en una ciudad fantasma como las que languidecen entre sirenas y explosiones cerca de la línea del frente, y Járkov está obligada a resistir como ya lo hizo a la primera embestida rusa de los primeros días de guerra.
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