Cientos de simpatizantes del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro asaltaron ayer el Congreso, el Tribunal Supremo y el palacio presidencial de Planalto en Brasilia, en rechazo a la investidura del presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, que se vio obligado a decretar una “intervención federal” para retomar el control de la capital. Numeroso países del mundo condenaron la revuelta y expresaron su respaldo al jefe de Estado brasileño.
Todo comenzó cuando una marea humana de manifestantes vestidos con los colores amarillo y verde de la bandera brasileña invadió de manera sorpresiva las sedes del Poder Ejecutivo, el Legislativo y Judicial, dejando imágenes impresionantes emparentadas con las de la ocupación del Capitolio –sede del Congreso estadounidense– en Washington en 2021.
Los manifestantes protestaron contra el regreso al poder de Lula, quien derrotó a Bolsonaro en la segunda vuelta el 30 de octubre y fue investido hace una semana como nuevo presidente de Brasil por tercera vez.
Las imágenes de medios como la cadena de televisión Globo News y otras difundidas en redes sociales mostraron a los alborotadores invadiendo instalaciones del Congreso, pero también llegando hasta el Palacio presidencial de Planalto y del Tribunal Supremo Federal , ubicados en la misma área donde se concentran los tres poderes del Estado, la denominada Explanada de los Ministerios.
Los manifestantes rompieron ventanas y vandalizaron el Congreso de Brasil mientras la Policía lanzaba bombas lacrimógenas. La marea humana escaló la rampa que accede al techo y penetró hasta las oficinas legislativas.
En los vidrios de la fachada, los seguidores de Bolsonaro inscribieron algunas de sus demandas: “Intervención ya”, dirigida a los militares. En otra pintaron “Destitución de los tres poderes”, en referencia al Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Por varias horas la sede del Congreso brasileño, pareció cubierta por un manto de verde y amarillo, los colores de la bandera brasileña pero apropiados por los bolsonaristas,
Además del Congreso, los bolsonaristas rápidamente lograron ocupar y hacer desmanes también en el palacio presidencial de Planalto y la sede de la Corte Suprema.
A las afueras del Congreso, hubo gente que se quedó sentada sobre el césped, mientras los helicópteros policiales sobrevolaban a poca altura. Otros manifestantes lanzaron insultos ante las bombas lacrimógenas que caían desde las aeronaves. Dos patrullas de la Policía federal fueron vandalizadas y al menos una quemada. Así, los seguidores de Bolsonaro desataron el caos por varias horas.
Ante ello, Lula decretó una “intervención federal”. Con ello, las fuerzas de seguridad lograron retomar eel control de las tres sedes del poder en la capital.
Al caer la noche, la fuerza pública parecía tener la situación bajo control, aunque numerosos manifestantes permanecían en Brasilia cerca del centro de poder del gigante sudamericano.
¿Qué dijo Lula? Condenó de manera enérgica el asalto. “Esta gente será castigada y vamos a descubrir incluso quiénes financian a estos vándalos que fueron a Brasilia, y todos pagarán con la fuerza de la ley por este gesto antidemocrático de irresponsabilidad”, declaró.
“Estos vándalos, estos fascistas fanáticos, han hecho lo que nunca se había hecho en la historia de este país”, agregó el presidente brasileño.
Tras retomar el control, las autoridades reportaron al menos 200 detenidos.
El asalto en la capital brasileña provocó una condena generalizada en el mundo. Numerososos países expresaron su rechazo a los actos de los seguidores de Bolsonaro y expresaron su apoyo a Lula.
Bolsonaro deslindó responsablidad
El expresidente ultraderechista de Brasil, Jair Bolsonaro, condenó ayer los “saqueos e invasiones de edificios públicos” después de que cientos de sus seguidores más radicales irrumpieran en las sedes del Congreso, el Palacio presidencial y el Tribunal Supremo en Brasilia generando diversos destrozos.
