Lucía pidió a sus gemelos de seis años que subieran al automóvil rápido y en silencio, en medio de la noche. Solo cuando estuvieron a bordo del avión que los sacó de Calabria (sur) hacia un destino secreto en el norte, se sintió por fin libre de su marido mafioso y su familia.
“Sabía que no bastaba con cambiar de barrio o de amigos, teníamos que escapar de todo lo que representaba ese mundo, esa mentalidad”, contó a la AFP.
Esa fuga organizada desde la pequeña localidad de Cinquefrondi formó parte de las decenas de operaciones de este tipo iniciadas en 2012 para alejar a los niños, y a menudo a sus madres, de las familias que pertenecen a la poderosa y temida mafia calabresa, la ‘Ndrangheta.
El proyecto, impulsado por el juez de protección de menores Roberto Di Bella, es el primero de ese tipo y tiene como objetivo evitar que los niños sigan los pasos de sus padres en el mundo del crimen organizado.
El esposo de Lucía, su cuñado y su suegra habían sido condenados por crímenes relacionados con la mafia, su suegro, por asesinato. Incluso Lucía estaba en libertad bajo fianza en espera del resultado de una apelación contra su condena por asociación con la mafia.
“Si me hubieran condenado a prisión, habría tenido que dejar a mis hijos con la familia de mi esposo y la idea me aterrorizaba”, asegura Lucía, de 36 años, cuyo nombre fue modificado para proteger su anonimato, en un testimonio enviado escrito a la AFP. “¡Tenía que evitar que eso sucediera!”, dice.
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