Una huelga con enorme seguimiento en sectores neurálgicos como el transporte o la educación sometió ayer a un duro pulso, que va a prolongarse, a la reforma más arriesgada que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, lanzó en su mandato: las pensiones.
Todavía no se sabe con exactitud en qué consistirá el plan del Gobierno para modificar el sistema de jubilación, pero los sindicatos, en horas bajas, tenían marcado este día en rojo desde el día 1 de la era Macron.
Nunca ocultó el presidente que uno de los objetivos de su quinquenio iba a ser reformar las pensiones, para acabar con los 42 regímenes especiales vigentes en la actualidad y fusionarlos en uno por puntos que otorgue los mismos derechos a todo el mundo.
Tampoco se le pudo escapar a Macron que otros gobiernos ya tropezaron antes en ese intento, ni que debería enfrentarse a la resistencia de sectores con capacidad de entorpecer la actividad en el país.
