Nicaragua se vio ayer semiparalizada por un nuevo paro nacional, el quinto contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega desde que se inició en abril de 2018 la crisis sociopolítica y que ha dejado cientos de muertos y de detenidos, y miles en el exilio.
La huelga general, de 24 horas y convocada por la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, la contraparte del Gobierno en una mesa de negociación, se realizó en medio de amenazas del Ejecutivo de sancionar a los negocios que se sumaran a la misma y de una alerta amarilla en los departamentos del Pacífico y una verde en la región Central por las lluvias.
La huelga, que se llevó a cabo bajo el lema "Vamos a paro por la libertad de todos" los denominados "presos políticos", estuvo apoyado por los negocios afiliados al Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y a la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (AmCham), principales cúpulas patronales del país.
También por pequeños y medianos negocios, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación, partidos políticos, un gran número de activistas y trabajadores por cuenta propia.
La Asociación de Bancos Privados de Nicaragua (Asobanp), que aglutina a los seis entidades financieras que operan en el país, dijo que la Siboif les ordenó abrir porque tenían la obligación de prestar ininterrumpidamente los servicios de intermediación financiera y otros servicios con recursos públicos. Otros negocios que abrieron reportaron escasa clientela y bajas ventas.
Propietarios de pequeñas y medianas empresas, que se sumaron al paro, denunciaron que sus negocios eran fotografiados por agentes de la Policía Nacional o simpatizantes del Gobierno, y temen se tomen represalias. En la víspera, el Gobierno emitió advertencias de sanciones a las empresas que se sumaran al paro nacional, en el que se reclama por la libertad de los "presos políticos" y el respeto de los derechos humanos.
Durante la jornada, el cierre de establecimientos fue notorio, aunque no total. Los principales centros de comerciales de Managua no abrieron sus puertas, mientras en los mercados populares como el "Oriental" o el "Roberto Huembes" se abrieron algunas tiendas, aunque la afluencia de compradores era escasa.
