El líder del Parlamento venezolano, Juan Guaidó, recogió ayer viernes la pelota del diálogo, lanzada por el oficialismo ante la severa crisis de gobernabilidad que atraviesa el país, y la devolvió condicionada a la renuncia del gobernante Nicolás Maduro.
Guaidó, que hace dos días se adjudicó las competencias del Ejecutivo como presidente interino, dijo en un acto ante cientos de simpatizantes en Caracas que está dispuesto a "hablar" con el Gobierno de Nicolás Maduro si este deja de ser "usurpador" de la Presidencia y se convocan "elecciones libres".
"Cese de la usurpación, gobierno de transición y las elecciones libres, bienvenidos a hablar en el momento que sea, eso lo extiendo, además, al alto mando militar, a todos los funcionarios, como quieran, los esperamos en el despacho" del Parlamento, dijo Guaidó en su primera aparición desde que lanzara su desafío a Maduro.
Ayer, Maduro, en el poder desde 2013, dijo que "siempre ha habido canales de comunicación" y que está comprometido con el diálogo, "a pesar de las recientes acciones de la oposición venezolana y la injerencia extranjera". Según Maduro, Guaidó sostuvo una reunión con el jefe de la chavista Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Diosdado Cabello, en la que se "habló de hacer un nuevo diálogo para el país" y le pidió mantener "ese canal abierto".
Pero el opositor aseguró que la Administración de Maduro acostumbra a acudir al diálogo como recurso "cuando la presión le sube" y tras recurrir "a la represión". "Cuando esa represión no les da resultado se convierte en falso diálogo", sostuvo Guaidó, al señalar que los implicados en la crisis venezolana deben "tener muy claro" que no accederá a una nueva ronda de negociaciones sin antes contar con la certeza de resultados favorables.
