Las tres refugiadas que aparecieron muertas el miércoles 10 en Grecia a pocos metros de la frontera con Turquía fueron asesinadas a sangre fría por alguien experimentado, según los resultados de la autopsia divulgados ayer.
El informe no aclara definitivamente si se trató de una ejecución por parte de radicales islámicos o un asesinato perpetrado por traficantes de personas, pero permite deducir que los autores no actuaban por vez primera, a la vista de la destreza de los acuchillamientos.
Según fuentes de la investigación citadas por los medios locales, el cadáver de la mayor de las tres mujeres, de unos 35 años, presentaba una serie de heridas que demuestran que intentó defenderse de sus agresores, mientras que las otras dos, posiblemente en edades entre los 15 y 21 años, fueron degolladas sin poder presentar resistencia. La mayor de las mujeres podría ser la madre de las otras dos, un extremo que todavía no ha podido confirmarse.
La víctima presentaba ocho incisiones en manos y abdomen, lo que demuestra que intentó zafarse de sus agresores, pero solo la novena cuchillada, un corte en el cuello de izquierda a derecha, fue la mortal.
Las tres mujeres fueron halladas este miércoles 10 con las manos atadas a solo 50 metros de la frontera con Turquía, en el extremo nororiental de Grecia, pero, según el informe forense, posiblemente llevaban ya tres o cuatro días muertas.
Por el momento se desconoce su identidad y procedencia, pero se cree que podrían provenir del Magreb o de algún país árabe.
Las dos jóvenes fueron halladas juntas, mientras que el cuerpo de la tercera estaba a unos metros de distancia de ellas.
Los asesinos habían obligado a las tres mujeres a ponerse de rodillas y mirar en la misma dirección, lo que, según los medios locales, hace pensar a los investigadores que podría tratarse de crimen en el que se ha seguido un ritual musulmán.
