Estados Unidos, junto a otros países, y grupos de la sociedad civil están luchando para que la crisis en Nicaragua ocupe un lugar relevante en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), su cita política más importante que se celebra en Washington el 4 y 5 de junio.
El embajador estadounidense ante la OEA, Carlos Trujillo, planea presentar una resolución para condenar la violencia del Gobierno de Daniel Ortega y de grupos paramilitares contra los manifestantes, una crisis que ha dejado más de un centenar de muertos y cerca de un millar de heridos. La aprobación de una resolución sobre Nicaragua serviría para establecer el criterio de legalidad y legitimidad del continente americano con respecto al Gobierno de Ortega y, dependiendo de su alcance, podría llegar a pedir la celebración de elecciones anticipada.
"Estamos bien preocupados por la situación de Nicaragua. El asesinato de estudiantes desarmados es totalmente inaceptable, es algo que debe ser traído a la justicia, la policía y los grupos paramilitares han sido responsables de esa violencia. Y tiene que parar", dijo Trujillo en una entrevista con Efe.
Más allá de EE.UU., ayer expresaron su preocupación sobre la crisis en Nicaragua otros países como Costa Rica, cuya vicepresidenta, Epsy Campbell, presidirá la Asamblea General.
"Es para nuestro país una preocupación particular la situación que se vive en Nicaragua", dijo brevemente Campbell durante un encuentro en la sede de la OEA entre la sociedad civil y representantes de los 34 Estados Miembro, así como con el secretario general, Luis Almagro. En ese encuentro, diferentes grupos, como el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), pidieron a la Asamblea General que aborde la crisis de Nicaragua.
