El responsable de la ayuda a las áreas sitiadas en Siria, Jan Egeland, denunció ayer que la ONU enfrenta un cierre casi total de su acceso humanitario a esas zonas, donde hay cerca de 420.000 civiles.
La mayor parte de ellos está en Guta Oriental, principal área opositora en las afueras de Damasco y blanco de 12 días de bombardeos. "En noviembre paramos de tener acceso, algo cambió y hemos dicho al grupo de trabajo (de países con influencia en el conflicto sirio y que se reúnen cada semana en Ginebra) que no podemos seguir así", dijo Egeland.
"En enero, conseguimos hacer llegar un solo convoy cuando había listos entre 25 a 30 convoyes", precisó el responsable.
Ese único convoy contenía ayuda para 7.200 personas en Nashabiyá (localidad de Guta Oriental), "lo que representa menos del 2 % de personas en las áreas sitiadas".
La ONU no ayudó a ninguna de las 2.5 millones de personas que viven en zonas de difícil acceso por encontrarse cerca de los frentes de batalla en el país.
Egeland dijo que esa falta de acceso se debe a que la ONU no ha recibido ninguna de las autorizaciones que ha tramitado últimamente ante el Gobierno.
También enfatizó que los ataques no van en una sola dirección y que son tan "deplorables" y violan las normas internacionales los bombardeos de las fuerzas armadas sirias sobre Guta Oriental como los lanzamientos de cohetes por parte de los grupos rebeldes contra Damasco. Reconoció, no obstante, que los ataques gubernamentales son mucho más "importantes en volumen" y que ello se explica por su mayor capacidad bélica y el apoyo que recibe de la aviación rusa.
Egeland aseguró no contar con información que pudiese confirmar si los rebeldes habían disparado ayer contra uno de los dos corredores humanitarios abiertos y decididos unilateralmente por Rusia, como se ha denunciado desde el Ministerio de Defensa de este país.
