La segunda huelga general convocada por los sindicatos contra las reformas económicas impulsadas por el presidente de Brasil, Michel Temer, no paralizó ayer al país, pese a la creciente presión sobre el mandatario tras ser denunciado por corrupción.
Ni el terremoto político desatado desde mayo pasado, ni las polémicas reformas económicas emprendidas por el Ejecutivo consiguieron detener por completo un Brasil que vivió ayer el segundo paro general en dos meses, tras el del 28 de abril. La negativa de los sindicatos del transporte en San Pablo, el estado más poblado e industrializado del país, y Río de Janeiro a participar en el paro fue determinante en el resultado final de la huelga. En la capital, Brasilia, la protesta se notó con mayor intensidad.
