La amenaza de fractura que acechaba al G7 de Taormina desde su inicio quedó ayer disipada con el consenso en temas clave como el comercio o las relacione con Rusia, aunque la división fue insalvable en torno al cambio climático por la indecisión de Washington.
El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, informó ya en la apertura de la cumbre que los debates "no iban a ser fáciles", consciente de las divergencias planteadas en temas como el comercio, la política migratoria o la protección del medioambiente por parte de Estados Unidos. Sin embargo, tras dos días de sesiones e intensas negociaciones, el G7 logró redactar una declaración final en la que alcanzó un término medio sobre algunas de esas cuestiones, aún en revisión por la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
Por ejemplo, pese a que Trump defiende una posición proclive al proteccionismo, el G7 ha logrado estipular sobre el papel un "compromiso a mantener sus mercados abiertos" aunque, al mismo tiempo, rechazando "prácticas comerciales injustas". En todos estos temas las divergencias fueron superadas, algo que no ocurrió en relación con el Acuerdo de París sobre cambio climático, sobre el que Washington aún no ha aclarado su postura.
"Estados Unidos está en un proceso de revisión de sus políticas sobre cambio climático y sobre el Acuerdo de París. Por consiguiente no está en posición de alcanzar un consenso sobre estos temas", reconocieron en el texto.
