El Papa Francisco visitó ayer Milán, la capital financiera de Italia, pero eligió conocer su periferia con graves problemas de marginación y la cárcel de San Vittore, donde almorzó con los reclusos, y celebró también una multitudinaria misa en Monza ante un millón de personas.
La visita de más de ocho horas a Milán comenzó con un saludo a las habitantes del barrio Forlanini, conocido como las "Casas Blancas", por sus enormes edificios de cemento armado. Allí visitó las casas de tres familias de uno de estas casas populares y conoció así a Dori Falcone, de 57 años, que se ocupa noche y día de su marido Lino Pasquale, de 59 años, que sufre epilepsia, lo que le ha provocado importantes consecuencias físicas y neurológicas y vive postrado en una cama.
