Negocios de todo EE.UU. cerraron ayer por la protesta del "Día sin inmigrantes", un espontáneo boicot contra la políticas migratorias del presidente Donald Trump que ha contado con el apoyo de empresarios y vecinos en numerosos puntos del país.
Un gran número de empresas de construcción, restaurantes, servicios de cuidado de niños o supermercados cerraron ayer sus puertas para demostrar a Trump que, sin el trabajo inmigrante, Estados Unidos quedaría paralizado y sus comunidades privadas de una parte integral de su vida diaria.
Inmigrantes en ciudades como Washington, Boston, Filadelfia o Los Ángeles abandonaron sus puestos de trabajo, se negaron a comprar o a tomar el transporte público, para disociarse por un día de la economía estadounidense y demostrar su importancia.
"Es una protesta de ausencia, no de presencia. Algo puede tener tanto o más impacto que una marcha al uso", explicó ayer a EFE el profesor de Sociología de la Universidad Americana, Ernesto Castañeda, en Mount Pleasant, el barrio hispano de Washington por excelencia.
TRUMP
Trump, reconoció ayer que la derogación del programa aprobado por el exmandatario Barack Obama para frenar la deportación de jóvenes indocumentados es "uno de los temas más difíciles" con los se enfrenta y aseguró que lo encarará "con corazón". "Es uno de los temas más difíciles que tengo (...). Vamos a tratar DACA con corazón", indicó Trump en una rueda de prensa en la Casa Blanca.
