El Gobierno de Nicolás Maduro rechazó ayer la "inaudita e infame" decisión de Estados Unidos de aplicar sanciones económicas al vicepresidente de Venezuela, Tareck El Aissami, al que acusa de "desempeñar un papel significativo en el tráfico internacional de narcóticos".
Esta es la primera medida del Gobierno del republicano Donald Trump -instalado el 20 de enero- relacionada con Venezuela y supone la constatación de que las relaciones entre ambos países -sin relaciones diplomáticas a nivel de embajadores desde 2010- seguirán, al menos, igual de tensas que durante el mandato de Barack Obama. El primero en reaccionar ayer fue el propio vicepresidente venezolano -exministro de Interior y exgobernador-, quien calificó de "miserable agresión" las sanciones, que dijo recibir "como un reconocimiento" a su "condición de revolucionario antiimperialista".
Maduro, por su parte, ordenó a su canciller, Delcy Rodríguez, que cite al encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, le entregue una nota de protesta y le "exija que aclare y se retracte de estas acusaciones". "Que (EE.UU.) pida excusas públicas a nuestro vicepresidente ejecutivo (...) Venezuela va a activar todos los mecanismos legales, políticos, diplomáticos, nacionales e internacionales para contrarrestar, para desmontar esta infamia", afirmó Maduro, junto a El Aissami en cadena obligatoria de radio y televisión.
El mandatario consideró también que dichas sanciones son "una venganza del narcotráfico" contra El Aissami por haber capturado a 102 capos durante su gestión como ministro -entre 2008 y 2012- y obedecen a una "conspiración" de la oposición venezolana "que se fue a Washington a pedir estas medidas".
El secretario del Tesoro de EE.UU., Steve Mnuchin, explicó que las sanciones han resultado en la congelación de "decenas de millones de dólares" en sus activos bajo jurisdicción estadounidense "que tendrán un impacto muy grande" para El Aissami y su entorno.
