Decenas de políticos, principalmente de izquierda, así como cientos de admiradores, despidieron ayer a la esposa del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, Marisa Leticia Rocco, en unas exequias en que se escucharon críticas al Gobierno y a los procesos judiciales contra el exmandatario.
La muerte cerebral de la exprimera dama fue oficializada, tras los diez días en que estuvo en coma en el Hospital Sirio Libanés de San Pablo por un derrame vascular en el cerebro. El velatorio de quien fue la compañera del presidente más carismático de Brasil por 43 años se celebró ayer en la sede del Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, ciudad en el cinturón industrial de San Pablo y en donde la pareja se conoció.
La ceremonia concluyó con un largo discurso en el que el exjefe de Estado criticó los procesos por corrupción abiertos en su contra, en tres de los cuales su esposa también era procesada, y dijo que las denuncias la hicieron sufrir mucho y que espera que los acusadores pidan disculpas. El obispo emérito de Blumenau, Angélico Bernardino, también pronunció unas palabras al final de la ceremonia y, en un tono político, enalteció la militancia de izquierda de la ex primera dama y criticó las reformas del presidente Michel Temer, que interrumpió 13 años de Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT).
