Brasil cerró ayer una de las semanas más negras de su historia carcelaria con, al menos, un centenar de reclusos brutalmente asesinados en reyertas en varias prisiones del país, que han puesto en evidencia por enésima vez el caos en el que está sumido el sistema penitenciario.
El último episodio se vivió ayer en una cárcel pública del centro de Manaos, capital del estado de Amazonas, con un resultado de, al menos, cuatro reos muertos, quienes fueron ejecutados con una violencia medieval por otros presos, un modo de actuar repetido en las masacres registradas esta semana. "De los cuatro presos muertos, tres fueron decapitados y uno fue muerto por asfixia", detalló la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Amazonas en un comunicado.
No obstante, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB), Epitácio Almeida, elevó la cifra a cinco y comentó que además hay varios desaparecidos.
El penal en el que se produjo la revuelta dejó de funcionar en octubre de 2016 por recomendación del Consejo Nacional de Justicia (CNJ) debido al hacinamiento y a su precaria infraestructura, pero fue reabierto esta semana para albergar a unos 300 internos de otra cárcel en la que también se vivió una matanza.
