Un escándalo de un supuesto tráfico de influencias en el Gobierno brasileño que causó ayer la sexta renuncia en seis meses en el gabinete del presidente Michel Temer, salpicó al mandatario y envalentonó a la oposición, que se plantea solicitar un juicio político en su contra.
La nueva crisis ha estallado ayer con la dimisión del ministro de la Secretaría de Gobierno, Gedder Vieira Lima, un hombre de la mayor confianza de Temer y que ha sido acusado ante la Policía Federal por el exministro de Cultura Marcelo Calero de someterle a presiones ilegales para resolver asuntos personales.
Según Calero, la presión apuntaba a que levantara el veto a la construcción de un edificio de 30 pisos en la ciudad de Salvador en el que Vieira Lima compró un apartamento sobre planos.
El proyecto no fue autorizado por el Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan), que depende del Ministerio de Cultura, y Calero atribuyó a esas maniobras de Vieira Lima su propia dimisión, presentada el pasado viernes.
El exministro de Cultura llevó el asunto a la Policía Federal, a la que declaró que llegó a discutir el caso con el propio Temer y con el ministro de la Presidencia, Eliseu Padilha, de quienes dijo haber recibido una presión similar.
La Policía Federal confirmó que ha remitido a la Fiscalía General la declaración de Calero, a fin de que ese organismo decida si se debe iniciar una investigación formal sobre la actuación de Vieira Lima, pero no incluyó en el asunto ni a Temer ni a Padilha.
La crisis se agudizó después de que la prensa local informó de que Calero grabó algunas de las conversaciones que tuvo sobre el caso con Vieira Lima, con Padilha y también con Temer.
Este jueves 24, el portavoz del mandatario, Alexandre Parola, dijo que Temer admite haber conversado sobre el asunto con Calero, pero aseguró que lo hizo para intentar solucionar "divergencias" entre sus ministros y que solo pidió una "solución técnica" para el caso.
